Sin embargo, ese discurso ha ido perdiendo fuerza con el paso del tiempo y este principio de mayo, la empresa ha indicado hacer un cambio de dirección.
De la inteligencia digital a la inteligencia física
Su última adquisición en el campo de la robótica humanoide marca un giro importante en la inteligencia artificial, esta ya no se limita al mundo digital, sino que empieza a entrar en el físico.
Hasta ahora, los sistemas de IA de Meta podían entenderse como un “cerebro sin cuerpo”. Modelos capaces de procesar información, generar textos o imágenes y resolver problemas complejos, pero siempre confinados a servidores y dispositivos electrónicos. Con este nuevo movimiento, el objetivo es distinto: dotar a esa inteligencia de una presencia física capaz de interactuar directamente con el entorno.
Robots que aprenden del mundo real
La startup adquirida estaba centrada en el desarrollo de robots humanoides capaces de aprender observando, adaptarse a situaciones nuevas y realizar tareas en entornos reales. No se trata únicamente de máquinas programadas para ejecutar órdenes, sino de sistemas diseñados para desenvolverse en escenarios impredecibles, desde espacios domésticos hasta entornos laborales complejos.
Este cambio abre una nueva etapa en la evolución de la inteligencia artificial. La tecnología deja de estar únicamente en la pantalla del móvil o del ordenador para convertirse en algo que puede moverse, actuar y tomar decisiones en el mundo real. Y eso transforma por completo su impacto potencial en la sociedad.
Sin embargo, este avance también plantea interrogantes importantes. Si una misma empresa controla las principales plataformas digitales de comunicación y, al mismo tiempo, desarrolla sistemas de inteligencia artificial con presencia física, la relación entre tecnología y vida cotidiana se vuelve mucho más estrecha. La frontera entre lo digital y lo real empieza a difuminarse.
Además, estos sistemas no solo interactúan con personas, sino que también recopilan información constante del entorno en el que operan. Esto supone una nueva dimensión en el uso de datos, mucho más profunda que la de las redes sociales tradicionales.
Una nueva forma de inteligencia artificial
El movimiento de Meta refleja una tendencia más amplia dentro del sector tecnológico: la transición hacia una inteligencia artificial capaz de actuar en el mundo físico. Un cambio que no sólo redefine la tecnología, sino también la forma en la que nos relacionamos con ella.
En este contexto, la pregunta ya no es únicamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino cómo queremos convivir con ella cuando deje de estar detrás de una pantalla y empiece a formar parte de nuestro entorno cotidiano.

