El riesgo está en que una sola filtración puede abrir la puerta a muchas otras cuentas. Si una contraseña queda expuesta en un servicio, los ciberdelincuentes pueden probarla en otros, como el correo electrónico, las redes sociales, las plataformas de trabajo o los sistemas internos de una empresa. Esta técnica, conocida como credential stuffing, permite aprovechar credenciales robadas para intentar acceder a otros servicios.
Las consecuencias pueden ir mucho más allá de perder el acceso a una cuenta: robo de información personal, suplantación de identidad, acceso a documentos confidenciales o incluso incidentes de seguridad que afecten a toda una organización.
¿Cómo podemos evitarlo?
- Utilizar una contraseña diferente para cada servicio. Es especialmente importante separar las cuentas personales de las profesionales.
- Crear contraseñas robustas. Deben ser largas y combinar mayúsculas, minúsculas, números y símbolos.
- Utilizar un gestor de contraseñas. Permite generar y almacenar claves únicas y complejas sin tener que memorizarlas todas.
- Evitar patrones predecibles. Por ejemplo, cambiar únicamente el nombre del programa o añadir un número a una contraseña común puede facilitar que alguien deduzca las demás si consigue descubrir una.
- Activar la autenticación en dos pasos. Añade una barrera adicional aunque la contraseña haya sido comprometida.
- Cambiar inmediatamente las claves expuestas. También hay que revisar cualquier otra cuenta que utilice esa misma contraseña o una variante.
Una sola contraseña comprometida no debería poner en peligro todas nuestras cuentas. La seguridad no depende únicamente de crear una clave difícil de descifrar, sino de evitar que el acceso a un servicio permita llegar a los demás.
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